Psicóloga infantil en Córdoba: acompañamiento para tu hijo o hija y orientación para vos
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Cuándo consultar por un niño o niña
Es habitual que madres y padres duden si lo que le pasa a su hijo o hija requiere de una consulta con un psicólogo, o si es simplemente una etapa que va a pasar sola. Algunas señales frecuentes que motivan una primera consulta son: cambios bruscos de conducta, dificultades para dormir o comer, retraimiento social, angustia frente a la separación de los cuidadores, dificultades de adaptación escolar, agresividad no habitual, o la sensación general de que "algo cambió" en el niño o la niña sin una causa evidente.
No hace falta esperar a que la situación se vuelva grave para consultar. Una primera entrevista de orientación puede ayudarte a entender si lo que estás viendo requiere un proceso terapéutico, es parte de una etapa evolutiva esperable, o si conviene una derivación a otro profesional (psicopedagogía, neurología infantil, fonoaudiología, entre otros).
Motivos de consulta frecuentes en la infancia
Dificultades emocionales: angustia, miedos intensos, tristeza sostenida.
Cambios conductuales: agresividad, oposicionismo, berrinches que exceden lo esperable para la edad.
Dificultades de adaptación escolar: ansiedad de separación, rechazo a ir a la escuela, dificultades vinculares con pares.
Situaciones familiares de cambio: separación de los padres, mudanza, nacimiento de un hermano/a, duelo por la pérdida de un familiar cercano.
Dificultades para dormir o alimentarse de causa emocional.
Baja tolerancia a la frustración y dificultades de autorregulación emocional.
Situaciones de bullying o conflictos vinculares sostenidos en el ámbito escolar.
Cómo trabajo con niños y niñas
El juego como herramienta central
A diferencia de la terapia con adultos, con niños y niñas el trabajo se apoya fundamentalmente en el juego, el dibujo y otras formas de expresión no verbal. Esto no es "solo jugar": el juego es, en la infancia, el lenguaje natural a través del cual un niño o niña puede expresar y elaborar lo que le pasa, incluso antes de tener las palabras para nombrarlo directamente.
Espacio de orientación a padres, madres y cuidadores
El proceso con un niño o niña siempre incluye sesiones periódicas de orientación con los adultos a cargo, para compartir una lectura general de cómo viene el proceso, sugerir estrategias para sostener en casa y, sobre todo, generar un trabajo coordinado entre el consultorio y el día a día familiar. Esto no implica que se comparta el contenido específico de lo que el niño o niña trae a sesión, sino orientaciones generales sobre el proceso.
Primera entrevista
La primera entrevista suele hacerse con los padres o cuidadores, sin el niño o niña presente, para relevar el motivo de consulta, la historia evolutiva y el contexto familiar y escolar. A partir de esa información, coordinamos las primeras sesiones con el niño o niña y defino una propuesta de encuadre.
Articulación con la escuela y otros profesionales
Cuando la situación lo amerita, y siempre con el consentimiento de los padres, puedo articular con el equipo de orientación escolar u otros profesionales que estén trabajando con el niño o niña (psicopedagoga, fonoaudióloga, neurólogo/a infantil), para sostener un abordaje coordinado en lugar de intervenciones aisladas.
¿Hasta qué edad se considera psicología infantil?
En general, hasta los 11-12 años aproximadamente, dependiendo del desarrollo particular de cada niño o niña.
Preguntas frecuentes
¿Cómo le explico a mi hijo/a que va a empezar terapia?
No hace falta usar la palabra "terapia" ni generar una expectativa de "algo está mal en vos". Podés explicarlo en términos simples y acordes a la edad, por ejemplo: "vas a ir a jugar con una psicóloga que te va a ayudar a sentirte mejor con lo que sea que esté pasando". Es importante evitar transmitir la idea de que la consulta es un castigo o una consecuencia de un mal comportamiento, ya que eso puede generar resistencia innecesaria al proceso. Si te genera dudas cómo comunicarlo en tu caso particular, es un tema que podemos conversar en la primera entrevista con los padres, antes de la primera sesión con el niño o niña.
¿Los padres pueden estar presentes en las sesiones?
En general, las sesiones con el niño o niña se realizan sin la presencia de los padres en la sala, para favorecer que se genere un espacio de confianza propio con la terapeuta. Esto no significa que los padres queden al margen del proceso: como mencioné, hay sesiones periódicas de orientación específicamente destinadas a compartir el estado general del proceso con los adultos a cargo. En casos de niños muy pequeños (primera infancia), puede evaluarse una modalidad distinta con mayor presencia de los cuidadores dentro de la sesión, según la situación particular.
¿Qué información le comunican a la escuela sobre el proceso terapéutico?
La confidencialidad del proceso terapéutico rige de la misma forma que en cualquier consulta psicológica, resguardada por el secreto profesional. No comparto información con la escuela ni con ningún tercero sin el consentimiento explícito de los padres o cuidadores. Cuando se evalúa que la articulación con el equipo escolar puede beneficiar el proceso, esa comunicación se acuerda previamente con los padres y se limita a la información estrictamente necesaria para esa coordinación, no al contenido íntimo de las sesiones.
¿Cuánto dura un proceso de psicología infantil?
Varía mucho según el motivo de consulta. Situaciones puntuales, como una dificultad de adaptación frente a un cambio familiar reciente, pueden trabajarse en un plazo relativamente breve, de algunos meses. Procesos vinculados a patrones más arraigados de conducta o dificultades emocionales sostenidas en el tiempo suelen requerir un trabajo más extenso. A diferencia de la terapia adulta, en la infancia también es habitual que el proceso se espacie naturalmente a medida que el niño o niña va incorporando herramientas y el motivo de consulta original se resuelve, sin necesidad de sostener una frecuencia semanal indefinidamente.
¿Qué pasa si mi hijo/a no quiere ir a las sesiones?
Cierta resistencia inicial es esperable, sobre todo si el niño o niña no entiende bien para qué va a un lugar nuevo con una persona desconocida. Parte de mi trabajo en las primeras sesiones es, justamente, generar un vínculo de confianza que haga que el espacio se perciba como algo propio y no impuesto. Si la resistencia es muy sostenida en el tiempo, lo conversamos con los padres para entender qué la está generando y ajustar el enfoque si es necesario; forzar la asistencia sin trabajar antes ese rechazo suele ser contraproducente para el proceso.
¿Trabajás con niños con diagnósticos del neurodesarrollo (TEA, TDAH, entre otros)?
Sí, tengo experiencia trabajando con niños con diagnóstico de TEA y TDAH, en articulación con el equipo interdisciplinario correspondiente.